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Consumir bebidas azucaradas disminuye la producción de una molécula protectora contra las enfermedades cardiovasculares
29/09/2020
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El grupo de investigación liderado por el Dr. Carlos Bocos en la Facultad de Farmacia ha publicado en la revista ‘Molecular Nutrition and Food Research’ un artículo donde se demuestra que la ingesta de fructosa en animales de experimentación afecta la producción de sulfuro de hidrógeno, H2S, una molécula que ejerce en el organismo un papel protector contra el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

El Dr. Bocos apunta que “resultó muy llamativo descubrir que el consumo de fructosa en el agua de bebida tan solo durante 21 días consiguiera disminuir claramente la síntesis en el hígado de sulfuro de hidrógeno. Y más teniendo en cuenta que el hígado es el principal productor de dicho gasotransmisor en el organismo”. Asimismo, el investigador señala que, “sorprendentemente, esta disminución de la capacidad del hígado en producir esta molécula beneficiosa era más evidente en los descendientes de madres que tomaron fructosa durante la gestación, mientras que la reducción era menos drástica en los hijos procedentes de madres que habían tomado glucosa o agua sin aditivos durante la gestación”. Por lo tanto, según el tipo de carbohidrato ingerido durante la gestación por las madres, la respuesta de la descendencia al consumo de fructosa era distinto.

La fructosa se utiliza hoy para edulcorar multitud de alimentos procesados y de refrescos azucarados. El consumo excesivo de estos alimentos, y por tanto de fructosa, se ha relacionado con la aparición de enfermedades como la obesidad, la diabetes, e incluso enfermedades cardiovasculares o el síndrome metabólico. Por otro lado, se sabe que la alimentación de la madre durante la gestación repercute en la salud de la descendencia una vez adulta, a través de un proceso conocido como programación fetal. De hecho, en estudios anteriores, tal y como señala el Dr. Bocos: “el consumo materno de fructosa incide negativamente en la descendencia y esta resulta más propensa al desarrollo de enfermedades metabólicas que los descendientes de madres que no consumieron fructosa o que consumieron otro tipo de azúcares como la glucosa”. Sin embargo, el consumo elevado de alimentos ricos en fructosa sigue sin estar desaconsejado en el embarazo.

El H2S o sulfuro de hidrógeno es una molécula gaseosa, del grupo de los denominados gasotransmisores, con efectos muy diversos como explica el Dr. Bocos: “puede mejorar la acción de la insulina en los tejidos y así combatir la diabetes; disminuir la acumulación hepática de grasa y el estrés oxidativo y así paliar el síndrome metabólico; relajar el endotelio vascular y reducir la inflamación o la agregación plaquetaria e impedir que se desarrolle el proceso aterogénico que desembocaría en una enfermedad cardiovascular; incluso, se ha descrito que tiene capacidad de reducir la presión arterial”.

El sulfuro de hidrógeno, junto con el monóxido de carbono o el óxido nítrico que son también gasotrasmisores han mostrado claros efectos beneficiosos como agentes protectores contra enfermedades como la diabetes, la obesidad, enfermedades cardiovasculares y el síndrome metabólico. “El hecho de que el consumo de alimentos o refrescos ricos en fructosa reduzca la síntesis de H2S tiene unas claras e importantes implicaciones clínicas. Y más en estos tiempos en que se ha comprobado que dichas enfermedades agravan la severidad de la enfermedad Covid-19”, detalla Bocos.

Por ello, los investigadores recomiendan “disminuir en la dieta de alimentos que contengan fructosa, mediante un consumo preferente de comidas y bebidas de origen natural, frente al de comidas procesadas, bollería industrial y refrescos azucarados”.

El profesor Carlos Bocos lidera el grupo de investigación ‘Nutrigenómica y programación fetal’, formado por los profesores Maribel Panadero, Paola Otero y Elena Fauste (becaria FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, MICINN). Este trabajo ha sido posible gracias a un proyecto de investigación del Plan Nacional I+D+i RETOS 2017 (MICINN). En este trabajo colabora además el Dr. Álvarez-Millán, del laboratorio clínico CQS de Madrid.


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