En el marco de los Cursos de Verano CEU-María Cristina, el expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder
Judicial, Carlos Lesmes, ha
reivindicado la independencia judicial como el pilar fundamental del Estado de
Derecho y ha defendido que la independencia constituye “la garantía madre” del
sistema judicial, al considerar que “un juez que no actúa con independencia
está quebrando su moral”.
Durante su intervención en el curso 'Justicia y Estado de Derecho', Lesmes ha sostenido que los jueces
españoles ejercen su función con plena autonomía frente a cualquier presión
política, social o económica. En este sentido, ha señalado que el sistema de acceso a la carrera
judicial, basado en el mérito y el esfuerzo personal, contribuye decisivamente
a consolidar esa independencia. “Cada uno de los jueces españoles sabe que no
le debe su lugar a un grupo de presión social o económica, sino a su propio
esfuerzo”, ha afirmado, insistiendo en que “en España, todos los jueces actúan
con independencia judicial”, al margen de que sus resoluciones puedan ser
objeto de crítica.
El expresidente del Supremo también advirtió de la existencia de
intentos por parte del poder político de influir sobre la judicatura. A su juicio, algunos responsables públicos creen erróneamente que
tener influencia en el Consejo General del Poder Judicial implica poder influir
en los jueces. “Durante mis años como presidente, he visto cómo las ganas de
los políticos de que se abran expedientes a jueces existen y son constantes”, ha
aseverado. Como ejemplo de la importancia de la independencia
judicial para frenar posibles abusos de poder, Lesmes
ha hecho referencia al papel que, en su opinión, está desempeñando el Tribunal
Supremo de Estados Unidos frente a decisiones del presidente Donald Trump.
Además de la independencia, Lesmes ha puesto el foco en otros dos principios
esenciales para garantizar una justicia de calidad: la inamovilidad y la
imparcialidad. Sobre el primero, el
magistrado ha subrayado que la estabilidad de los jueces en sus cargos ha sido
una “conquista progresiva de las democracias europeas” y ha indicado que hoy
constituye un principio plenamente asumido. Respecto a la imparcialidad, ha
subrayado que esta debe manifestarse tanto en su dimensión objetiva como
subjetiva, recordando que “tan importante es ser justo como parecer justo, ya
que la confianza de los ciudadanos en la Justicia depende también de la
apariencia de neutralidad de quienes la administran”.