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Un antiguo alumno de la Universidad CEU San Pablo, nominado al Goya al mejor cortometraje
23/01/2013
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Un cúmulo de casualidades ha llevado a Carlos Hernando, periodista y cineasta, de los azares de corresponsalía bélica a la antesala de la mayor distinción que concede el cine español. La gestación de ‘El violinista de Auschwitz’, ‘corto’ por el que Hernando ha sido nominado a los Goya, se remonta al momento en que éste hubo de desplazarse a Líbano a cubrir para un periódico nacional la crisis que aconteció en 2006. En esas circunstancias supo de la existencia de Jacques Stroumsa, un superviviente de los campos de exterminio nazis. La experiencia de este sefardí que logró salir con vida de aquél cautiverio gracias, en gran medida, a su habilidad con el violín, le llamó mucho la atención.

 

Años más tarde, el correr de los acontecimientos propició un encuentro entre ambos, al que el Hernando asistió inicialmente con la idea de sacarle provecho periodístico: había material para una magnífica entrevista televisiva. Más que para eso, las cintas de la cámara registraron cerca de seis horas de conversación. Reconducir todo ese testimonio a la agilidad sintética de una entrevista llevaría tiempo y una dedicación intensiva. No era el momento de embarcarse en ello, así que la cinta fue archivada a la espera de mejor ocasión.

 

La catarsis que las grabaciones experimentaron en este tiempo de barbecho se relaciona con la doble vocación de Carlos Hernando. A la cita con Stroumsa fue movido por el ánimo informador, pero al reencuentro con las cintas archivadas ya no acudió el periodista sino el cineasta. Una misma universidad, la Universidad CEU San Pablo, es el nexo de ambas vocaciones: en ella estudió Periodismo y en dicho centro cursó el Master en Dirección Cinematográfica.

 

Donde había una entrevista ahora descollaba el proyecto de un cortometraje, y a ello se puso el hoy nominado al premio Goya. Con el bagaje del documental que años antes había grabado sobre el disidente Guillermo Fariñas, Hernando se empleó en la tarea de darle forma a una historia en la que las carambolas de la vida dan lugar a que convivan la ventura y la fatalidad, lo bello y lo macabro.

 

Stroumsa hablaba ocho idiomas, era un buen ingeniero y, lo más importante, sabía cómo interpretar a Bach con el violín. “A él lo marcaron para matarlo”, explica el autor del corto, pero estas tres cualidades le salvaron la vida. La muerte le sobrevoló a él y  le dio de lleno a su familia. Mientras, sonaba Bach.

 

¿Cómo fue a parar a Auschwitz este sefardí de Salónica? La traición le abrió las puertas de este infierno. Él, como otros 60.000 judíos, marchó a Polonia por recomendación del rabino de su ciudad.

 

No es de extrañar que, como relata el director del film, su relación con Dios se viera muy deteriorada. “Todos los días en el campo de concentración se preguntaba por qué Dios permitía tantos crímenes”. Pero Stroumsa supo reemprender el camino de regreso a la fe. Años más tarde reformularía la pregunta de Primo Levy. “Stroumsa pasó del ‘¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?’ al ‘¿Dónde estaban los hombres en Auschwitz?´, apunta Hernando.

 

Stroumsa, que murió en 2010, también conservó hasta el final su identidad sefardí. “Seguía considerando España como su patria”, describe Hernando, que defiende la continuidad del proceso de concesión de la nacionalidad al pueblo sefardí.


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  • Carlos Hernando; Jacques Stroumsa
  • Universidad CEU San Pablo
  • Periodismo
  • Master en Dirección Cinematográfica