La educación no es nunca únicamente una instrucción académica. La tarea formativa ha de ser un reto integral, que conduzca al alumno al máximo desarrollo de sí mismo y de sus capacidades al servicio de la sociedad.
La Universidad debe ser un centro donde exista un constante y fecundo diálogo con la sociedad. El estudiante no puede permanecer ajeno a los problemas y necesidades que existen a su alrededor, porque asumir el compromiso de vivir en sociedad, debe significar comprometerse a que mejore esa misma sociedad. Todos somos parte responsable, en mayor o menor medida, de lo que ocurre a nuestro alrededor, no debemos volver la espalda a los que sufren porque todos somos responsables de los demás, los hombres somos hermanos y participamos de un proyecto común. Si el mundo, decimos, no marcha bien, tenemos que ver qué hacemos nosotros por mejorarlo.
El mundo del voluntariado abre esas posibilidades que todos llevamos dentro de ayudar a los demás. Así lo manifiestan la mayoría de los voluntarios cuando se les pregunta cuáles son sus motivaciones para realizar estas labores.
Ayudando a otros, contribuimos a crear un clima de paz social, pues, como dice la Constitución española de 1978 en su artículo 10; "La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás, son fundamento del orden político y la paz social".
Si se colabora en satisfacer las necesidades básicas de los desfavorecidos, éstos tienen pocos o ningún motivo para entrar en conflicto con otras personas. El voluntario que, por ejemplo, asiste a un comedor y ayuda en esta labor, favorece, tal vez sin darse cuenta, ese clima de paz social que todos necesitamos para convivir.
A través de este encuentro y del compromiso con el que sufre, el universitario se dignifica a sí mismo, al dignificar a los demás con su ayuda desinteresada, siendo un testimonio y reflejo de la fidelidad de Dios para con los hombres, quien pese a nuestras miserias, no nos da la espalda, sino que nos sostiene constantemente. Como se ha dicho, ser voluntario es un buen ejercicio para crecer en tolerancia, control personal, generosidad, autoestima y mayor capacidad para afrontar la vida.
Varias son las formas de ayudar al que sufre, como diversas son las formas del sufrimiento.