La formación es uno de los pilares básicos para la realización de un buen voluntariado. Debe realizarse, al menos, en tres niveles.
Pero lo importante del voluntario no es tanto lo que hace, sino cómo lo hace. Fundamentalmente necesitará tener paciencia, discreción, saber escuchar. Muchas cuestiones se resuelven a través del sentido común, la educación, el civismo y la ética, y también, ciertamente, dosis de alegría y buen humor. El voluntariado social es una actitud ante la vida y una forma de aprendizaje, una manera de conocerse a uno mismo a través del conocimiento de los otros.
Los voluntarios constituyen un "ejército" de paz difundido en todas las partes de la tierra, son un signo de esperanza para nuestros tiempos. Donde surgen situaciones de dificultad y sufrimiento, hacen fructificar los insospechables recursos de entrega, bondad e incluso heroísmo, que están en el corazón del hombre.
Ya se trate de microproyectos o de grandes realizaciones, el voluntariado está llamado a ser, en todo caso, escuela de vida, especialmente para los jóvenes, contribuyendo a educarlos en una cultura de la solidaridad y acogida, abierta a la entrega gratuita de sí.