Por Pablo Gutiérrez Carreras
Publicada en El Rotativo de 4 de febrero de 2008
El pasado 29 de noviembre el Coro Gospel Factory ofreció una soberbia actuación en el Salón de Grados de nuestra Universidad. Dirigidos magistralmente –y con mucho humor- por Danny Reus, el grupo ofreció una poderosa interpretación de algunos viejos espirituales, acompañados por un eficaz trío de músicos, que les acompañaban al teclado, bajo y batería. Entrevistamos a Danny, el Director de Gospel Factory, que a sus 25 años hace ya gala de una larguísima trayectoria de gospel a sus espaldas, nada en comparación con lo que aún queda por venir.
Pablo Gutiérrez Carreras
Danny, en pocas palabras ¿qué es el gospel?
En poquísimas: en dos palabras es “God Spell”. Es algo así como el llamado de Dios. Se trata de la música propia del pueblo afroamericano, los esclavos de África que fueron llegando durante varios siglos a Estados Unidos. Su mísera situación les hacía encontrar refugio en la música. A través de ella se reunían, manifestaban su esperanza, buscaban a Dios…
¿En el campo o en la iglesia?
En ambos lugares. Hay varias vertientes del gospel. Por un lado tenemos el gospel de iglesia, basado en el canto de himnos, que es muy jubiloso y habla de la felicidad y por otro lado nos encontramos con el canto del campo de trabajo, una especie de gemido, es el origen de los “espirituales”, en los que se palpa la situación terrible de un pueblo oprimido, pero que nunca pierde la esperanza.
¿Desde cuando te dedicas al gospel?
La verdad es que desde siempre. Mi abuelo era pastor en una iglesia de Miami. Él era afroamericano. Mi madre es cubana, y aunque yo nací en España de casualidad, viví allí, en Florida, muchos años. Siempre he cantado en la iglesia, por lo que se trata de mi lenguaje natural, casi mi forma de vida. Empecé a salir de gira con once años, y cada vez con coros más importantes: el Coro de Georgia, el de Florida, el de San Francisco…
¿Cuándo llegaste a España para residir?
Hace seis años, pero sigo pasando parte del año al otro lado del “Gran charco”. Aquí, todo sea dicho, hay muchísima menos tradición, pero lo que para mí fue sorprendente, es que, sin tradición gospel, me encontré con buenísimas voces. Cuando me llamaron para dar clases de canto en la Escuela de Música Creativa, me proponen a su vez, formar un taller de Coro, taller del que surgió, hace cuatro años Gospel Factory.
¿Cuál fue vuestra primera actuación?
Con la primera ya dimos un “patadón”. Nada más poner en marcha el coro vino a Madrid The London Community Gospel Choir, quizá el coro de gospel más importante de Europa. Uno de los promotores me preguntó si conocía algún coro español de gospel que pudiera actuar de telonero. Sin pensármelo dos veces le dije: “claro, el mío”, ¡y acabábamos de empezar! Fue un éxito, nada más salir a escena, la gente ya nos confundió con los ingleses y tuvimos que decir que no, que éramos los teloneros.
Sorprende la fuerza de vuestros arreglos. Si ya las voces son poderosas, la sección rítmica obliga al público a dar palmas, a responder, a bailar…
Sí, pero ese cuerpo del sonido ha sido siempre lo que he ido buscando. El coro de la iglesia de mi abuelo tenía, como sección rítmica, casi una orquesta entera, a parte de varias docenas de voces, claro. Luego, los ensayos son fundamentales, nuestro sonido está muy empastado porque el ensayo semanal es sagrado y no fallamos nunca.
Y en estos cuatro años que lleváis actuando, cada vez más y mejor.
Es increíble echar la vista atrás. Sólo entonces te das cuenta de todo lo que hemos logrado. Hemos actuado en casi todas las provincias españolas, en TVE, en muchas radios, en la Red de teatros de Castilla La Mancha, en la de la Comunidad de Madrid; el 25 de diciembre actuamos en el Teatro Calderón. Afortunadamente, no paramos…
En vuestra actuación del CEU del día 29 lograsteis algo que nadie ha logrado. La gente salió de sus asientos para bailar y responder al pie del escenario, y mira que casi no hay sitio, pero sacudisteis los cuerpos…
Fue una experiencia fantástica con vosotros, te lo digo de veras. Al día siguiente fui a cenar con unos amigos a Fridays y había allí un grupo de chicas y chicos del CEU que habían estado en el concierto, que se acercaron a saludarnos, a darnos la enhorabuena. Para nosotros eso es una recompensa.