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La Universidad constituye un ámbito privilegiado de irradiación de cultura. No en vano, la misión originaria de la Universidad fue la de ser transmisora de la cultura, entendida ésta no sólo como el conocimiento de determinadas manifestaciones o creaciones artísticas, tales como pinturas, obras literarias, piezas musicales, sino como algo distinto.

La cultura puede entenderse como la manera en que el hombre y la sociedad se enfrenta al mundo y trata de hacerlo inteligible, de explicarlo, y a su vez, de lograr una interpretación convincente y razonable del papel que el hombre juega en el mundo.

La Constitución Pastoral Gaudium et Spes, define la cultura como “todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus múltiples cualidades… las distintas condiciones de convivencia y el diverso modo de utilizar las cosas, de realizar el trabajo, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias y las artes y de cultivar la belleza".

El hombre actual vive en un mundo sin certezas, donde todo es relativo, en el que no encuentra la confianza y la seguridad necesarias para el desarrollo de la personalidad, sin sentido de la historia y de un horizonte ideal. La ruptura con el pasado, en gran parte, ha acarreado una dificultad para ver a largo plazo.

A través de nuestra herencia cultural se transmiten unos valores que constituyen una respuesta a las preguntas fundamentales del hombre. Somos herederos de una tradición y sin ésta no podemos acceder a una auténtica existencia individual ni colectiva; el problema radica en perder la conciencia de nuestras raíces o en despreciar cuanto no se traduzca en beneficios cuantificables de forma inmediata.

Las actividades culturales son algo más que una actividad extra académica. Contribuyen sobremanera a la formación integral de la persona, al fomento de unas inquietudes personales que pueden luego desarrollar a lo largo de su trayectoria académica, profesional y personal; favorecen el empleo del tiempo libre en actividades creadoras de vida; pueden generar en el alumno un buen hábito que remedie o, al menos, compense "el botellón" o el gamberrismo; y sobre todo responden a su necesidad de contacto personal.

Por lo tanto, la propuesta cultural de la Universidad San Pablo-CEU tiene que reflejar, por un lado, la larga y fructífera tradición cultural española, para enraizarles en su propia cultura y, por otro, debe dar respuesta a las propias inquietudes de los alumnos. Debe ser una cultura viva, encarnada y transmitida de forma coherente por personas que vivan y sientan el humanismo cristiano. Porque la USP-CEU no es una mera fábrica de títulos académicos, ni siquiera una herramienta para transmitir conocimientos: está destinada a formar hombres y, más explícitamente, hombres cristianos.

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Universidad CEU San Pablo
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